miércoles, 26 de mayo de 2010

Cuarta Carta






Los ceniceros se multiplican en mi escritorio, también las posibilidades de un cáncer. Decenas de cadáveres de cigarrillos que me recuerdan los minutos, las horas y los días que paso aquí, frente al teclado, pariendo letras que me desnudan, que me abren capa a capa como si yo, no fuese más que una cebolla expuesta en el estante de un supermercado, esperando una mano que me lleve a casa, me rebane y llore por mi culpa antes de engullirme completa.
La Vale está aburrida, me dice que deje de escribirte, que te olvide, que tú jamás leerás mis cartas… que no te interesan. Que eres demasiado alto como para seguir tus pasos, que eres irreal, distante, ajeno, que yo te inventé en un sueño.
Yo lo sé… y no me importa.
Creo que me gusto así, aislada, sin sentido, transparente como un fantasma, de esos que recorren nuestras casas en busca de amigos que al final espantan. Me gusto saltando de letra en letra, dejando trozos de mi propia carne en ellas. Me gusto envuelta en mi pijama de Betty Boo, desparramada en la alfombra con los ojos fijos en el bailoteo de las moscas. Me gusto inconsciente, caprichosamente triste, alejada del modelo ideal de mujer que no me interesó seguir. Me gusto mientras me arrastro tras tu sombra como serpiente asechando la presa que sabe, no logrará alcanzar jamás, pero que no puede dejar de seguir. Me gusto con la conciencia amoratada y con la pena descansando en el frasco de barbitúricos que oculto en el baño. Me gusto porque soy simple, porque no aspiro a ser perpetua, porque jamás anhelé menos que hoy. Me gusto imperfecta, pasajera, efímera como un segundo de silencio. Me gusto, porque no sufro por todo ni por todos, porque los muertos no me atormentan, porque mis lágrimas ya no son coléricas, porque no cargo una mochila de culpas, porque al fin de cuentas, la culpa no sirve para nada. Me gusto hoy más de lo que me gusté jamás y eso… te lo debo a ti.
— Te haces daño a conciencia — Susurró la Vale mientras me quitaba el cigarrillo de la mano y lo retorcía en el cenicero. — Sabes que te quiero y me preocupas.
Reí.
—Tal vez mi cabeza no funcione bien del todo, — le dije encogiendo los hombros— pero vamos, ¿Quién no es un poco desquiciado, paranoico y psicótico en estos días? — Reí una vez más, pero al ver la mueca de sincera preocupación en su rostro suspiré — no tengo la intención de ser estudiada, ni de dejar de fumar — le aclaré.
— Lo primero no me importa tanto como lo segundo — bufó. — Por favor, deja de fumar.
Negué con la cabeza.
— Usa los parches que te compré.
— Encendí uno ayer — Bromeé— no saben nada bien.
— Bromear con tu salud no está bien.
— Fumo porque me gusta, porque me tranquiliza y, en cierto modo, me quita la ansiedad. Lo dejaré, lo prometo… algún día.
— Tal vez sea tarde cuando te decidas.
Lo pensé por medio segundo y luego reí.
— Creo que correré el riesgo. — Decidí — Y hablando de tarde… Son más de las doce, Luis debe estar extrañándote.
Ella, sonrió ante mi brusco y poco sutil modo de cambiar el tema.
— Tienes razón — carcajeó— seguro que está mascándose las uñas.
— No querrás que el señor detective llegue con su arma y refuerzos a buscarte ¿verdad?
Rió con ganas.
— Se lo debe estar pensando— volvió a reír.
Se levantó del sillón de un salto, tomó su cartera, me besó en la frente y salió del departamento.
Caminé hacia la cocina en busca de algo para comer. El sándwich de tres pisos aun no paraba de dar vueltas en el microondas, cuando oí su llave en la cerradura de la puerta.
Me sorprendí, no esperaba que él, viniese hoy.
— Interesante atuendo — musitó con los labios adheridos a mi cuello, mientras rodeaba con sus brazos mi cintura — En pijamas, pareces una niña pequeña.
Suspiré.
— No te esperaba hoy — le aclaré — recuerdo que te pedí que me avisaras cuando pensaras venir, pude no estar sola.
Rió.
—El portero me aseguró que lo estabas —me explicó. —No me hubiese detenido el que estuvieses acompañada— agregó encogiendo los hombros.
Me quedé en silencio. Ya habíamos discutido antes este tema, sin llegar a ningún sitio con ello.
Me giré para ver su rostro.
— ¿Qué haces aquí?
— Te extrañaba, no respondiste ni me llamaste en toda la semana.
Lo miré a los ojos con actitud.
— ¿No te parece que el mensaje era obvio? — Me burlé —No quería hablar contigo.
Me tomó la mano y literalmente me arrastro hasta el sofá. Me senté, abrasé mis piernas y recosté la barbilla sobre mis rodillas.
Él, suspiró al ver mi postura defensiva, se giró hacia el reproductor de música y lo encendió. Sonrió tristemente al reconocer los acordes de la primera pista del disco. Reminds me of you de Van Morrison, era de algún modo, nuestra canción.
Nos quedamos en silencio un momento, con las miradas trabadas el uno en el otro, mientras Morrison cantaba la primera estrofa. Luego él, apago el estéreo, tomó la guitarra que reposaba en la alfombra, se acomodó frete a mí y comenzó a cantar la misma canción, luego siguió con Have i told you lately that i love you.
Enterré la cara en mis rodillas y me ovillé aun más. Me quedé en esa posición hasta que la canción llegó a su fin.
—Ese es un juego sucio —le recriminé
Acomodó la guitarra en el suelo nuevamente y puso sus manos a ambos lados de mi cara, para atrapar mi mirada.
—La vida entera ha sido un juego sucio para nosotros— susurro a pocos centímetros de mi rostro— si no lo fuese, yo no te amaría del modo en que lo hago o tú no estarías sola…. — Apoyó su frente en la mía un momento y suspiró. — o yo viviría aquí.
—La vida es como cada cual decidió vivirla— le dije con la voz rota— Somos dueños de nuestras decisiones.
Negó con la cabeza sin separar nuestras frentes.
— Yo no sabía que tu existías — susurró — Te hubiese esperado.
— Por favor — le rogué— No quiero… No me gusta…
— Lo sé — Me interrumpió— pero que no quieras admitirlo, no significa que no sea una verdad.
Me deshice de sus manos, me levanté del sofá y caminé hacia mi escritorio. Cuando tomé los cigarrillos, por casualidad moví el mause del computador haciendo que la pantalla volviera a la vida. Él, hizo una mueca al ver la secuencia de fotografías en el protector de pantalla.
— ¿Sabes que la Vale tiene una teoría acerca del porqué elegiste enamorarte de él?— Preguntó con los ojos aun puestos en las fotografías. — Ella cree que es un modo de esconder tus sentimientos verdaderos, una manera de volver a tus años adolecentes, a la fantasía de lo imposible— Rió sin un ápice de alegría— Yo no creo eso— aseguró— decidiste amarle con tanta fuerza y con tanta seguridad, porque jamás podrás perderlo; él será por siempre tuyo, y por siempre ajeno.
Se levantó del piso, se repantingó en la silla frente al computador y me acomodó en su regazo.
— Por curiosidad, estuve indagando en internet sobre él. — Sonrió— quería entender. Estamos juntos desde hace casi dos años y no te conozco por comple¬to. No sé cómo eres. Pero sé cómo no eres. Y tú no has sido tú durante el último mes. No me cuadraba con tu personalidad el que estuvieses fascinada con un actor de cine. Es cierto que no encajas con los “cánones normales” que se aplican a una mujer, siempre reaccionas de un modo demasiado racional, incluso frío. Es por eso que esta “irracionalidad” me tenía confundido. — Enterró su cara en mi pelo y suspiró— hasta que por fin lo entendí. Luego leí tus cartas y te confieso que me estoy muriendo de los celos.
Me carcajeé ante el absurdo.
No le imaginaba leyendo entrevistas, ni sintiendo celos de un actor de cine.
— ¿Celoso? — Inquirí incrédula— uno siente celos de lo que le pertenece. — Agregué en tono mordaz.
Me besó en la coronilla y me apretó firmemente contra su pecho.
— Eres mía porque te amo, porque te he amado toda mi vida, aun antes de conocerte. — Suspiró— y con esa misma confianza te digo que sé que yo no soy lo que necesitas, aunque sea tu otra mitad.
Bufé.
— Comenzamos con la teoría nuevamente… ¿Sabes que a veces pienso que me hablaste de ella, sólo para poner un paño fresco en tu consciencia? — Le escupí las palabras al tiempo en que tomaba su mano y señalaba el anillo que adornaba su anular.
Él, apartó su mano de las mías y la cerró en un puño.
— ¿También se la contaste a ella?
— Sabes que si pudiera, dejaría todo…
— Jamás te he pedido nada— Le interrumpí — Es sólo que me parece un poco hipócrita de tu parte el que me digas que sientes celos de algo que sabes está totalmente fuera de mi alcance, cuando eres tú el que sale de mi cama para acomodarte en los brazos de la mujer a la que perteneces. — Le tomé la mano nuevamente y volví a señalar su anillo— ella es tu propiedad, ella te juró fidelidad… Yo no te debo nada.
Me deshice de sus brazos, me paré frente a él con la sangre hirviéndome por dentro.
— Te apareces aquí, me cantas, me juras que me amas y ¿para qué? — Chillé— ¿Para llevarme a la cama? — Mientras hablaba, sentía como mi garganta se iba anudando y los ojos se me llenaban de lágrimas— te lo haré más simple — me burlé— ¿donde quieres que lo hagamos?... la alfombra no me parece un mal lugar… ¿Cuánto tiempo te queda?, ¿diez minutos?
Su cara estaba desfigurada de horror, yo jamás había reaccionado de un modo tan brusco, ni tan directo. Inhalé profundamente intentando tragarme el llanto ¿por qué tenían que traicionarme las lágrimas justo cuando necesitaba ser más fuerte? Me odié a mí misma en ese segundo.
— Mira en lo que me convertí — le grité señalándome los ojos — yo no lloraba. Y ahora no hay un sólo día en que no lo haga. —Me sequé los ojos con el dorso de las manos y dejé que la furia me atacara con toda su fuerza — ¡yo no soy esto! —grité incapaz de parar el llanto. — por supuesto que elegí el amarle para protegerme. Ojalá le hubiese encontrado en la realidad y no en una fantasía…
— ¿Y crees que no lo sé? —Me interrumpió —tú, me hablabas de él, aun antes de que apareciera. Me lo describiste mil veces sin siquiera conocerle. He sentido pánico de que le encontraras desde que te conocí.
—Alégrate entonces de que no lo conoceré —chillé— alégrate de que es un imposible. Alégrate de que estoy chiflada, ¿te das cuenta de que tengo treinta años y te confesé que amaba a un actor de cine?, ¿entiendes el absurdo? ¡Dios!... ¡Ni siquiera me gusta ver televisión! Aparte de sentirme ridícula, sentía también una angustia terrible en el pecho, como si una mano me apretara todo lo que estaba ahí dentro. Me di cuenta de que ya no era capaz de controlar los sollozos. No recuerdo haberme sentido tan desprotegida y vulnerable en toda mi vida. Intentaba respirar, pero el aire quedaba atascado en mi garganta.
Se levantó de la silla y caminó hacia mí.
— Paula — Susurró tomando mi cara entre sus manos. Cerré los ojos y dejé caer los brazos a los costados de mi cuerpo. — Él aparecerá, y yo no sé si sobreviviré a eso.
— ¿Por qué no pasas de las palabras rosadas y te centras en lo que viniste a buscar? — Abrí los ojos y le miré fijamente— no necesitas seducirme… ahórrate ese tiempo.
— No te trates así — rogó — jamás te he visto de ese modo, es injusto que…
— ¿Injusto? — Le interrumpí con voz ronca— injusto es que tú estés aquí jurando que me amas mientras tu mujer da vueltas por tu casa angustiada, segura de que estás atrapando delincuentes. Te irás directo al infierno por hacerle esto, y yo contigo.
Se giró rechinando los dientes y le dio un fuerte golpe al muro con el puño.
— ¡Yo estoy en el infierno! — Gritó— ¿crees que soy inconsciente de todo el daño que les hago?, ¿crees que no me importa? — volvió a aporrear el muro, esta vez el cuadro que colgaba de él, cayó al suelo haciéndose añicos. Miles de pequeños trozos de cristal cubrieron el piso.
Se llevó ambas manos a la cara, como si quisiese arrancársela.
— No te muevas — me ordenó extendiendo la mano.
Me miró por un segundo con los ojos vidriosos, luego se sacó la chaqueta y la puso en una de las sillas. Caminó hacia mí, me levanto del piso cargándome como a un bebé, me llevó al cuarto y me tendió en la cama.
— Lamento mucho que tengas la impresión de que en tí, sólo busco sexo. — susurró sentándose frente a mí, y limpiando la comisura de mis ojos con su pulgar— quiero que sepas que sí lo necesito, pero no es por lo que piensas.
— ¿A no?
— No — suspiró — Tú, eres un ser absolutamente impredecible y con un control de sí, que escapa a toda lógica. Muchos, los que no te conocen en realidad, creen que eres insensible. Te ven caminando por la vida con paso firme, sin miedo a nada ni a nadie. Eso aterra, sobre todo a los hombres. El día que te conocí ¿Lo recuerdas verdad?
Asentí con la cabeza, por supuesto que lo recordaba.
Había llevado a un chico con una sobre dosis de droga al hospital y me habían detenido porque pensaban que yo se las había dado.
— Estabas sentada frente a mí, completamente relajada, explicándome una historia que me pareció absurda ¿Quién recoge a un extraño drogado de la calle y le lleva al hospital arriesgándose del modo en que lo hiciste? — Rió— Sólo tú, por supuesto.
— Me trataste como a una paria— le reproché.
— Estaba haciendo mi trabajo — me explicó — todos los delincuentes son blancas palomas cuando les detenemos. Tu tampoco me trataste muy bien ese día — rió nuevamente — me dijiste que era un obtuso, sobre potente e insensible.
— Lo fuiste conmigo.
— Lo sé — musitó — y ya me disculpé por eso. Ese fue el día en que descubrí que tú eras a quien buscaba, que tú eras mi otra mitad, que la historia que me había contado mi madre, era una verdad literal.
— El amor a primera vista— Me burlé. — Si no lo recuerdas, tú ya estabas casado, ya amabas a otra mujer.
— Por supuesto que le amaba, y aun lo hago, jamás te he mentido sobre eso — me aclaró — pero sabes que lo que me pasó contigo es algo completamente diferente, yo te amo porque tú eres una parte de mí mismo, porque alguna vez fuimos un sólo ser.
— Estábamos hablando del sexo— le recordé — no de teorías acerca de reencarnaciones y brillo en los ojos.
— Es verdad — admitió — te decía que tu modo temerario de enfrentar la vida aterra y desconcierta, sobre todo si tenemos en cuenta que eres una mujer.
Hice una mueca y el rió.
— Luis, me dice que serías un excelente mejor amigo, si tu cuerpo no distrajera tanto— se burló y luego suspiró. — Cuando hacemos el amor, es el único momento en que me abres la puerta para que comulgue, no sólo con tu cuerpo, si no también, con todos los aspectos de tu personalidad. No importa la imagen que quieras proyectar. No importan las caretas, las razones, las salidas honrosas. Es una fuerza tan pura, tan única, que aunque lo intentes, no puedes esconder quien verdaderamente eres. — Se acomodó a mi lado, me rodeó con un brazo y recostó mi cabeza en su pecho — Cuando hacemos el amor, nos entregamos por completo, porque sabemos que sólo lo sentiremos en toda su intensidad si perdemos el control. En el momento del orgasmo, no somos capaces de ver, de escuchar, de sentir el sabor, el tacto, el olor. Durante aquellos segundos, nuestros cuerpos desaparecen, un éxtasis ocupa sus lugares y sólo en ese segundo, me siento completo, porque nos convertimos en un sólo ser, tal y como lo fuimos en el pasado.
La habitación quedó en completo silencio, no supe que decir, ni que argumentar en contra de eso. Yo sabía que lo que él me decía, era una verdad.
Me quedé quieta mientras él acariciaba mi pelo. Podía oír el tic tac de su corazón. Esa era la razón por la que no podía dejarle, esa era la razón por la que lo que está bien o mal había perdido su importancia. Porque acomodada en su pecho, podía dormir del mismo modo que duerme un niño. Seguro de que hay alguien que le ama y que le protege de cualquier mal o cualquier peligro.
Yo, no reconoceré jamás que su historia de las otras partes es una verdad, aunque dentro de mí lo sepa.
Él, es mi otra mitad, lo vi en el brillo inconfundible de sus ojos. Lo reconocí en los tuyos también. Espero tener suerte en ésta vida y encontrar a una de mis partes, que sí me pueda acompañar…

20 comentarios:

  1. uau, uau, uauuuuu!! me encanta paula, sigue así, escribes estupendamente!!

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  2. wooow !!! estoy facinada, adoro leer estas cartas ^^

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  3. es verdad escribes estupendamente me gustan mucho tus cartas ojala y te valla bien en la carrera de scritora si sigues esa carrera jajajaj
    eres muy buena escribiendo en serio =)

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  4. Miley Black-Cullen(facebook)26 de mayo de 2010, 13:51

    impresionante! la verdad que me quede maravillada, me imagine cada rostro, expesión,parece hipnotico,,me encanta como escribes..se nota que te apasiona.. =)

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  5. Wow linda carta, espero la siguiente.

    Saludos desde México

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  6. Wooooow, sin palabras mujer!!!!!!Sigue asi tienes un magnifico talento....

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  7. awwwwwwn! ke bonito! deberias de seguir escribiendo pero mas seguidito! :D

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  8. Wow, cada día me sorprendo mas... he quedado sin palabras!! esta es mi favorita hasta ahora!! Te mando un abrazo!!!

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  9. Muy buena..me gusta como escribis...tengo que confesar que no lei las anteriores cartas pero me voy a poner al dia...gracias por pasarme el link..espero la siguiente parte...

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  10. Que decirte Paula .. maravillada con cada palabra tuya!! me encanta!!
    amo como plasmas cada sentimiento!!!
    es admirable!!
    miles de besos!!! sigue!! alimentando!! esto!!

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  11. es hermosa las cartas k haces, sigue haci y tendras muchos exitos en tu vida como escritora.
    te felicito por ese don k tienes

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  12. Carmen M.:
    SSupeeerr wooww, uf como siempre fascinante Paula, es increible el talento que tienes chica, me encanta, hay es increible, tanto sentimiento, tantas emociones, todo eso nos lo transmites, nos hacer vivir la historia en carne propia, esas palabras nos llegan al corazon, estubo precioso Paula, te admiramos y te queremos, animo, adelante.

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  13. te felicito me encanta como escribes tienes mucho talento y sigue adelante!!!

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  14. pzzz que gusto es realmente sorprendente eso es genial al leerlos todos se ciente bien.........

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  15. paula me ha encantado!!!!

    desde tu amiga vale a este poli, q genial ha estado.

    empieza a gustarme mas q eclipse!!!

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  16. muy buena tu carta. te felicito pero de verdad deja de fumar o todos nos quedaremos sin tus escritos
    besos te quiero mucho...
    Una cosa...
    Me nombras, nombras a Luis ¿por qué no a él?.. ummmm...
    Vale

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  17. ES WOWWW NO HAY PALABRAS ESCRIBES REEBIEN ....ESPERO LA OTRA CARTA

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  18. el leido varias veces todo lo que escribis y me ancanta,,,tenes un gran talento... pero me surgen dudas,,,las cartas para robert son reales o sea contas tu vida real?? xq cuando hiciste el los agradecimientos en Noche Eterna pones "Gracias a mi marido, por amarme incondicionalmente —pese a mi locura—. A mi hija por su entusiasmo y a mi hijo por su infinita paciencia. No se que sería de mi existencia sin ellos." ..talves yo estoy interpretando algo mal :s

    Jessica

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  19. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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